OTOÑO

El Covid ha trastocado nuestros hábitos: compramos con menos frecuencia, no nos permitimos tantos caprichos, las compras son menos impulsivas y gastamos más online. Los malos tiempos propician el ahorro, se es más consciente del gasto.

Se compra más por conveniencia y valor, se compran productos más baratos y se hace una investigación previa a la compra.

La compra física está castigada por el distanciamiento social, ya no es un acto tan placentero sino controlado. El consumidor está coartado. Pero cuando la situación lo  permita volveremos a las tiendas porque en el Mediterráneo somos muy sociales. Las comprar online no sustituirán por completo a las compras tradicionales.  Las compras en internet aportan rapidez y comodidad y el punto de venta físico tiene que aportar diversión

La tienda física debe adaptarse. Las compras compulsivas se han mudado a internet que han acortado los plazos de entrega. Algunas tiendas se han convertido en almacén de pedidos online.

Durante el confinamiento los compradores adquirieron otros hábitos que ya han automatizado, que van a mantener. Con la ambición compradora controlada y las expectativas bajo mínimos el hogar vuelve a ser el refugio y se invierte en su mejora: electrodomésticos, muebles, plantas y pequeñas reformas del hogar.

Atrás quedaron la demanda de productos “relacionados con el orden, el teletrabajo y la multifunción”, cuando se abrieron las tiendas físicas se vendieron “muebles de dormitorio y almacenaje, productos de cocina, sofás, sillones y artículos de decoración”.

Cambiamos la percepción del hogar al dejar de vivir de puertas para afuera. Asi nos mostramos más propensos a hacer obra, a mudarnos a casa con jardín, a cambiar la decoración,. Dejamos de gastarnos dinero en perfumes para gastarlo en ambientadores.

El teletrabajo no es un aliado del glamour, no se compra tanta moda, volverá a imponerse el chándal, la sudadera y la ropa de freelance. Eso si, se buscarán prendas sostenibles y éticas hechas desde la responsabilidad social y ecológica.

En este otoño habrá compras muy meditadas, pero siempre de disfrute. Va a ser una época de consumo sofisticado y menos impulsivo. Por ejemplo no estar en Amazón y distingirse por la responsabilidad puede marcar tendencia.

Dejaremos las macrofiestas y volveremos a disfrutar de aperitivos y bebidas en la intimidad de nuestras casas.  La hostelería se hará más diurna.

Ante la crisis siempre nos regalamos algo, como para tocar fondo y salir. En otros momentos triunfaron las barras de labios, en otros las uñas, ¿qué triunfará en esta ocasión? ¿Cosméticos de alta gama ? ¿Plantas? ¿Velas? Se venden menos perfumes por la caída de la vida social. Nos perfumamos para los otros.

Por elección o por necesidad clientes transgeneracionales han cambiado. Hay que adaptarse a ello para sobrevivir.

Para que los clientes vuelvan a los puntos de venta físicos hay que volver a ofrecerles emoción. La economía naranja de los creativos tiene mucho que aportar.